Una vida sobre ruedas; barreras arquitectónicas y sociales. Artículo publicado en www.benetusser.com

Una vida sobre ruedas; barreras arquitectónicas y sociales

Hace ya cerca de tres décadas dio comienzo la andadura escolar de Vake. Durante quince años un centro escolar de Benetuser integró a este alumno sobre ruedas con parálisis cerebral para hacer de Jose lo que ahora es Vake. Una década y media llena de obstáculos arquitectónicos como escaleras sin ascensores, aceras sin rampa en el trayecto del centro a su casa, etc, pero sin barreras sociales que enmascaraban las primeras debido a las personas que le rodeaba en esta etapa educativa del único alumno sobre cuatro ruedas que había en ese acogedor centro de estudios. Este ciclo educativo a Vake le hizo más fuerte a la vez que le sirvió para conocer lo que la vida le iba a deparar en busca de una total integración al mundo laboral, deportivo, social, etc.

Este colegio es un centro privado concertado que depende de la Parroquia Nuestra Señora del Socorro de la localidad de Benetuser. Al igual que muchas catedrales, iglesias y demás monasterios pertenecientes a la Diócesis nacional, este centro educativo Diocesano tampoco tenía fácil accesibilidad para personas con movilidad reducida. A pesar de todo Vake se formó como persona en este colegio que con sus magníficos profesionales dispuestos a vivir esta aventura supieron como subsanar con su habitual disponibilidad estas barreras arquitectónicas ayudándole a subir y a bajar todos los días esas escaleras que les separaban de las aulas del centro. Los días, los meses y los años pasaron fugaces, quizás por el buen ambiente que se respiraba tanto los diez años en el colegio donde estudiaron parvulitos y la antigua Educación Básica General (EGB) como en el Instituto estudiando el antiguo Bachillerato separados por unos quinientos metros más o menos.

Allá para el año 1991, Vake cambio de edificio para empezar lo que antes era el Bachillerato. En esta época de transición también evolucionó su silla de ruedas; de un dos caballos pasó a un formula uno. La nueva silla de ruedas era eléctrica, no de las que utilizan desde 1890 en Estados Unidos para aplicar la pena capital. Se trata de una silla de ruedas con un motor, un mando para dirigirla y dos baterías que se recargan a la luz como si de un móvil fuese. Esta especie de silla de ruedas que ha cambiado la vida de millones de personas con movilidad reducida fue inventada por un canadiense llamado George Johann Klein, después de la Segunda Guerra Mundial para los veteranos de guerra heridos. Al Vake también le cambio la vida ya que de tener que depender siempre de alguien para empujar su silla de ruedas pasó a desplazarse por él mismo. Viendo lo independiente que podía llegar a ser pidió una reunión con el mandamás del centro, el sacerdote del pueblo, con el fin de que por lo menos eliminasen los dos escalones que había en la puerta del edificio para poder entrar con su nueva silla. La expresión coloquial derivada de un tópico literario por un pasaje de Don Quijote de la Mancha “con la iglesia hemos topado” apareció cuando por motivos de estética, el episcopal de Benetuser se negó a eliminar la barrera arquitectónica existente con una rampa de obra, y se le ocurrió hacerla de madera. La gran sorpresa vino años posteriores a la estancia del alumno sobre ruedas que acabo sus estudios en este Instituto, cuando un día pasó por aquella misma puerta que atravesó tantas veces ayudado por sus compañeros de clase y observó una rampa de obra, la misma que años atrás reclamó Vake en su época de estudiante con la satisfacción de ver como poco a poco va evolucionando el centro donde estudió para que futuros alumnos de su misma condición puedan acceder al Instituto por sus mismas “ruedas” sin tener que depender de nadie.

Tras estos maravillosos quince años Vake continuó superando barreras, tanto arquitectónicas como sociales, en diferentes ámbitos de la vida. En el ámbito laboral para una persona de las condiciones físicas parecidas a la de Vake se reduce tanto que ni las organizaciones y asociaciones nacionales que presumen de dar trabajo a este sector de la Discapacidad no ofrecen lo que ofertan y publicitan a pesar de las ayudas que recibirían por contratar a un discapacitado. En el deportivo, el trato de un deportista paralímpico con gran dependencia, como es el caso de los jugadores de Boccia (deporte específico paralímpico) reciben un trato diferente a los demás con decisiones como la de preparar los campeonatos internacionales en un CRE, especie de residencia para discapacitados, en vez de en un CAR (Centro de Alto Rendimiento) donde deportistas se preparan para rendir al máximo en sus competiciones. En el social, las mentes aun retrógradas de esta sociedad respeto a la discapacidad hacen ver a una persona como Vake incapacidades inexistentes por falta de información y educación que harían abrirles esas mentes que poseen tan cerradas, a la vez que desaparecerían muchos perjuicios, como por ejemplo no verían tan extraño ver a un discapacitado en un prostíbulo, practicando puenting o simplemente con un puesto de trabajo.

Para concluir pongamos todos una solución a este problema que sólo tenemos en la mente del ser humano, que al tener esa capacidad de razonar que nos diferencia a otros seres vivos que componen el planeta Tierra, se puede eliminar todas las barreras existentes en esta sociedad de este país. Para ello las personas que no tienen ninguna discapacidad “aparente” tienen que pensar que en cualquier momento pueden que necesiten desplazarse en una silla de ruedas por lo que estas personas deberían darse cuenta de las barreras que actualmente existen para ayudar a subsanarlas. Por otro lado los que poseen la discapacidad “visible” deben reivindicar nuestros derechos para conseguir una vida sin barreras y no quedarse callados bajo ningún concepto si no quieren seguir dependiendo de alguien o jugándose la vida al tener que ir esquivando coches por el medio de la carretera porque un gracioso a aparcado en una rampa, cuando la hay, o no poder hacer un curso de ingles porque la academia no esta accesible, etc.

Jose Vaquerizo

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Elitistas de clinex. Artículo publicado en www.benetusser.com

Elitistas de clínex

En un lugar de Valencia a pocos kilómetros de la capital del Turia de cuyo nombre del mundo árabe es Benituzem que significa “hijos de Tuzem” (antiguo topónimo de Tunez) vivía Vake procedente de La Mancha que a finales de la década de los 70 sus padres se instalaron en este pueblo de la huerta valenciana pegado a la urbe levantina. Ya apuntaba maneras en el ámbito deportivo durante la era escolar recibiendo fuertes balonazos, a pesar del estado físico que se encontraba debido a la parálisis cerebral que le acompaña desde su nacimiento, cuando jugaba al futbol con sus compañeros y metía goles sin menearse de su silla de ruedas en algunas clases de Educación Física del colegio de este pueblo berebere. Años más tarde gracias a la educación recibida tanto por sus padres como por el profesorado de este centro escolar comenzó en el mundo deportivo. Toda la vida haciendo todo tipo de deportes hasta que encontró el deporte que le haría triunfar por todo el mundo junto al entrenador que hizo posibles estos triunfos además de ser el que le inicio en este desconocido deporte paralímpico específico para deportistas con movilidad muy reducida llamado Boccia. Tuvo la gran fortuna de vivir una experiencia inolvidable para cualquier deportista llena de alegrías y decepciones, competir en unos juegos paralímpicos de verano. Estos se celebraron en la capital china en el año 2008.

Cada cuatro años se celebra el evento deportivo más importante del mundo, los Juegos Olímpicos de verano donde miden sus fuerzas el máximo número de deportistas del planeta con el único objetivo de conseguir la gloria del olimpo. Unos quince días después de ser apagada la llama olímpica, en las mismas instalaciones desde 1960 que por primera vez se celebrase en Roma, llegan los otros deportistas olímpicos llamados paralímpicos con el mismo objetivo que los primeros volviendo a encenderse el mismo pebetero dando comienzo los otros juegos, los paralímpicos. Estos deportistas tienen una discapacidad aparente respeto a los primeros lo que no les impide practicar deporte en las mismas condiciones.

En España estos dos acontecimientos que debería de ser uno, se viven con diferente repercusión mediática comparada con la de otros países como Gran Bretaña, China o Brasil entre otros en los que los deportistas están más integrados donde hacen su preparación junto a los olímpicos y están considerados deportistas de élite para la sociedad en la que viven durante toda su vida deportiva. Por el contrario, los deportistas paralímpicos españoles sufren un boom mediático durante tres meses cada cuatro años por diversos intereses. La política surge repentinamente en este mundo de “la roja coja”, definición del presidente del Comité Paralímpico Español, para mostrar a la sociedad española el lado humano de los políticos y manifestando su falso apoyo a estos deportistas utilizados durante esos días para unos meses después olvidarlos. Como ejemplo tenemos la reciente recepción en la Moncloa de Rajoy al Equipo Paralímpico Español antes de partir a Londres, donde podemos observar la composición de los deportistas y los diferentes miembros del Gobierno y del Comité. La primera fila compuesta por los deportistas con mayor discapacidad o más dependientes al lado del Presidente del gobierno y del Presidente del Comité Paralímpico Español, mientras que el mismo Presidente del gobierno lo primero que ha recortado ha sido la Ley de dependencia y la sanidad para afrontar la crisis, o el Presidente del Comité Paralímpico Español hace caso omiso a deportes practicados por los deportistas de la primera fila que en ese momento si que son importantes ya que las imágenes televisivas y las fotografías de los periódicos quedan de maravilla cara al público. A la vuelta de unos Juegos Paralímpicos continua la misma hipocresía, durante dos meses los deportistas bienvenidos a sus respectivas ciudades no dejan de ser homenajeados por ayuntamientos e instituciones que poco tiempo después les ignoran además que no les respaldan para seguir en su carrera deportiva durante los tres años y ocho meses siguientes que se aproxime otra edición de estos juegos. Pero es que la palmadita en la espalda y la foto de rigor del político con el pobrecito deportista con parálisis cerebral, lesionado medular o amputado de alguna de sus extremidades quedan muy bien de cara a la galería social.

Por otro lado, la sociedad ignorante de lo que sucede en el ámbito de este mundo deportivo, tras ver los resultados obtenidos en estos últimos Juegos Paralímpicos, tiene la mala costumbre de comparar estos resultados con los conseguidos quince días antes en los Juegos Olímpicos en vez de compararlos con la última edición de dichos juegos. Mala costumbre porque nadie sabe, excepto los que tienen alguna relación con el mundo paralímpico, que en unas Paralimpiadas hay más preseas en juego que en unas Olimpiadas con lo que la posibilidad de traérselas colgadas en los cuellos paralímpicos son muchas mas que las de los cuellos olímpicos. Este reconocimiento de la ignorante sociedad refuerza el trabajo realizado por el Comité Paralímpico Español que disfraza la decadencia deportiva de estos últimos doce años.

Para finalizar con esta lacra social que tenemos en este país de pandereta se tendrá que luchar de dentro hacia fuera. Los que están metidos en este mundo del deporte paralímpico son los primeros que se tienen que movilizar con toda la normalidad adquirida que se merece y sin ningún interés individualista formando un gran equipo donde abarque el deportista mas afectado tanto física, sensorial como psíquicamente hasta el que solo le falte el dedo corazón de la mano izquierda o tanto un ciego total como un deficiente visual sin ninguna exclusión, siendo todos importante tanto en los deportes adaptados como en los dos específicos (Boccia y Goal Ball). Hay que ir todos a una como en Fuente Ovejuna para poder asemejarse a sus rivales chinos, británicos, brasileños, etc. Hay que demostrar los útiles que somos sin ser utilizados.

José Vaquerizo

El poder es querer. Artículo publicado en www.benetusserhoy.com

El poder es querer

Entre las décadas de los 80s y los 90s un futuro alumno algo peculiar curso la antigua EGB (Enseñanza General Básica) para acabar haciendo el antiguo Bachiller. Tras varios años entre sonrisas y lágrimas en la guardería y preescolar, sus padres y personas de su entorno decidieron matricularlo en un colegio de Benetusser con muchas barreras arquitectónicas pero con un gran grupo humano que hicieron difuminar estas barreras sin eliminarlas. El peculiar alumno de este colegio de Benetusser era Jose, un niño que tuvo una lesión en su aparato locomotor al faltarle el oxigeno por la asfixia que le produjo su mismo cordón umbilical al nacer enrrollado en su cuello, por lo que se le complicó el parto quizás por la poca habilidad que tuvo la matrona para sacarlo de la tripa de su madre. Como consecuencia Jose en aquella época y actualmente Vake, hace una vida sobre ruedas ya que para poder desplazarse necesita una silla de ruedas. Lo fácil y desgraciadamente lo habitual en estos casos hubiese sido meter a Jose en un Centro de Parálisis Cerebral Infantil que es el nombre de su discapacidad, pero afortunadamente para él estaba bien rodeado y respaldado de personas con mentes muy abiertas.

Como todos los comienzos, estos fueron difíciles pero con ayuda de todas las personas que formaban parte de aquel centro escolar donde Jose era el único con una discapacidad aparente. Tres pisos como máximo llenos de escaleras y sin ascensor separaban a este alumno de las aulas donde se impartían las clases que subía cuatro veces al día ayudado por profesores y la madre que lo parió en los primeros años para años más tarde concederles el relevo sus propios compañeros que se peleaban por bajar al integrado estudiante. En las clases no había diferencia ninguna, todos sentaditos en sus pupitres atendiendo al profesor de cada clase. La gran diferencia vino cuando impartían la asignatura de Educación Física por la ignorancia del profesorado de cualquier instituto que había en aquella época de la existencia del deporte adaptado por lo que la capacidad de integrar a Jose en esta clase era prácticamente nula. El resultado fue que este alumno, esta vez casi integrado, estuviese exento en esta asignatura. Pero como Jose era un culo inquieto, tras varias clases observando a sus compañeros hacer varias pruebas físicas como el text de Cooper que consistía en recorrer la mayor distancia posible en doce minutos, de Voley, de Baloncesto, Balonmano, etc. la última clase de cada mes era libre y podían escoger el deporte que querían jugar. Ellos siempre elegían el deporte rey, el futbol. Era cuando Jose entraba en acción haciéndole sufrir a su profesor que presenciaba como recibía balonazos en su cuerpo espástico pero al mismo tiempo disfrutaba de presenciar la facilidad que tenían todos sus alumnos de integrarse. Al acabar el horario escolar Jose se desplazaba hasta Valencia donde le esperaba otra dura jornada de logopedia, fisioterapia y natación para mejorar su impresionante físico con más huesos que carne, mientras sus compañeros se quedaban jugando en los alrededores del colegio. Estos viajes a la capital hizo que Jose se relacionase con personas de su misma o similar condición física descubriendo y practicando deporte que posteriormente iba a ser algo importante en su vida ya que consiguió ser deportista paralímpico.

Hace unos días Vake, antes Jose, fue a un instituto a dar unas charlas dirigidas a alumnos de varios cursos de secundaria. En aquel centro estudiaba un niño que al igual que Vake tenia una parálisis cerebral aunque algo menos severa, el andaba con muletas y parecía que vocalizaba mejor que Vake a la hora de hablar. Este caso le recordó mucho a la época de Jose y la pudo comparar con la actual por todo lo que vio y se informó de la vida escolar de Pepe, el alumno con muletas de este centro. El centro tenía rampas y ascensores por todas las partes, los servicios estaban accesibles. Además Pepe tenía un educador disponible para él durante todo el horario para satisfacer todas sus necesidades en todos los ámbitos del la vida. En el aspecto educativo físico por lo que pudo intuir Vake también ha ido evolucionando aunque vio que faltaba algo de conocimientos respeto al deporte adaptado se refiere al profesor de esta materia.

La conclusión que Vake ha sacado es que la educación es básica para lograr importantes cambios en la sociedad de este país. Se debe empezar a educar desde los primeros años de nuestras vidas aprendiendo a relacionarse con todo tipo de personas independientemente de su condición social, física o moral. Para los educadores también es importante que aprendan a resolver con solvencia situaciones como la de Jose y nunca escoger la solución mas sencilla como es la de adjudicar al alumno la condición de exento en la materia. Todo este trabajo se debe adquirir en la etapa universitaria por lo que seria necesaria, aun más si cabe, la inclusión del deporte adaptado en el temario de las carreras de FCAFE y Magisterio de Educación Física para conseguir en un futuro no muy lejano la integración para todos.

Jose Vaquerizo

MAR AFUERA. Publicado en Ombrigos (libro de relatos cortos)

MAR AFUERA (1ªParte)

Vake tenía sólo cinco años cuando hizo el primer viaje de su vida. Fue a Lourdes, localidad situada en la frontera entre Francia y España, en plenos Pirineos. Su madre partió con él hacia aquel lugar milagroso, según la gente, con la ilusión de hacerle un apaño a su hijo, que falta le hacía. Porque Vake había nacido con una parálisis cerebral provocada por la falta de oxígeno en el cerebro que le haría ir eternamente en una silla de ruedas además de sufrir otros problemas físicos añadidos.

Una tarde o noche cualquiera, su padre y, a la vez, chofer oficial del Vakemóbil (una especie de Papamóvil pero adaptado a Vake en lugar de al Papa), llevó a su mujer y a su hijo a la estación de trenes. De allí salía una expedición rumbo a Lourdes. Se percibía un montón cuál era el destino de aquel tren porque la mayoría de los que entraban subían en camillas o en sillas de ruedas.

Aquello era una especie de invasión marciana, lleno de especimenes con diferentes tipos de normalidad.

El tren que les llevaría hasta la frontera era un borreguero de esos que iban a cinco kilómetros por hora. Quizás  un atleta corriendo los 1500m hubiese podido adelantarlo. Además tampoco era muy cómodo y hacía mucho ruido al desplazarse. Al amanecer, el tren, al que también le hacía falta algún milagro que otro, llegó al último pueblo de Girona (España). El próximo pueblo ya era francés (de Francia, por supuesto). Allí se detuvo el tren, si se le podía llamar tren, y tuvieron que hacer trasbordo a otro, pero antes desayunaron. Algún acompañante bajó seriamente dolorido con lo que ahora el número de necesitados de un milagro era mayor que cuando habían subido en la estación de Valencia. Se les veía ilusionados, quizás hubiese suerte y todos volverían caminando a casa en vez de subidos en aquel tren insufrible. La fe que se respiraba entre ellos les mantenía despiertos como un manojo de rosas en plena primavera, o quizás fuese el insoportable ruido que hacia el tren al desplazarse por las vías el que no les dejaba dormir.

El cambio del país se notó mucho, especialmente en los paisajes que aparecían a cámara lenta por las ventanillas del tren. Eran bonitas vistas, con mucho colorido, desde el color tierra de la montaña pasando por el verde intenso del prado hasta el blanco más blanco de la nieve. Los vagones del tren parecían los de una montaña rusa, con abundantes subidas y bajadas, pero un poquito más lento que esta atracción de feria.

El Vake no se despegaba de la ventanilla de su vagón. En su compartimento se encontraba un niño de su misma edad, más o menos, pero que se encontraba mucho peor que él. Estaba como un vegetal, no se movía ni hablaba. También había una chiquilla un poco más mayor que rompía todo lo que veía. Estaba mal del tarro, su especialidad era hacer ruina, según su madre, trocear periódicos, revistas, toda clase de papel que pillaba por delante. Lo realmente peligroso era cuando en vez de papel se encontraba con  objetos de otro material más contundente como el cristal. En ese caso era recomendable que cualquier persona que le rodease se pusiese un casco. El Vake viendo este panorama se acordaba de aquel chiste: “Virgencita, virgencita que me quede como estoy”.

Pasaron el día y la noche subiendo y bajando montañas, hasta que, por fin, a punto de amanecer otra vez, llegaron al sitio milagroso de Lourdes, entre montañas y valles verdes. En medio de aquel lugar, sin ningún tipo de intereses (je, je), había una residencia llena de monjas, curas y frailes, bueno y lo más importante repleto de ellos, de los que iban a ver si les cambiaba la vida por arte de magia o mejor dicho por obra de la Virgen de Lourdes. Todo era muy bonito menos la residencia que parecía un hospital de guerra, con camas que eran como cunas grandes con barrotes bordeándolas para que no se escapasen de allí, aunque era difícil huir en las condiciones físicas en las que se encontraba toda aquella gente. Los horarios eran muy diferentes a los de España: comían a la hora de almorzar y cenaban a la hora de merendar. Además, la comida, como las camas, también era de hospital: apio, nabo, manzana asada…

Hicieron algunas excursiones por los alrededores, vieron la cueva de la Virgen de Lourdes en la que estaba su imagen y una fuente en la que dicen que caía agua bendecida por ella misma.  Al lado pasaba un río con un puente. Al cruzarlo había una especie de salas con bañeras llenas de más agua bendecida por la Virgen. Al Vake también lo metieron allí, pero no sufrió ninguna transformación mágica ni milagrosa. Se quedó como estaba pero mojado. Luego subieron a una montaña donde había imágenes de cuando crucificaron a Jesucristo, el primer comunista según Sabina. Pasaron los días y nada de nada; ni al Vake ni a nadie de los que fue allí les cambió la vida, ni con agua bendecida ni sin bendecir. Todavía quedaba la esperanza del último día (a algo había que agarrarse), cuando se celebraba la Santa Misa. Igual era ahí el momento de salir todo el mundo andando hacía Valencia, pensaba Vake. Pero ni siquiera en la Santa Misa llegó el milagro. Todos volvieron a tierra levantina como habían venido: subidos en un tren borreguero, tumbados en sus camillas o sentados en sus sillas de ruedas.

La única consolación que les quedaba era que por lo menos habían cambiado  de aires y habían visto los Pirineos por la ventanilla del tren.

Desde entonces el pequeño Vake se volvió incrédulo. Todo aquello le había  parecido un montaje y un negocio a costa de desgracias ajenas.

Y se hizo menos creyente por no decir ateo.

Una década más tarde, apareció otro tipo de agua en la vida de Vake, cuyo efecto, de vez en cuando, si que provocaba algunos milagros: el agua de Valencia. Una noche de septiembre, sus colegas y él decidieron quedar, como muchas otras tardes o noches, para lo que hiciese falta; beber, cenar, tocar la zambomba (por decir que tocaban algo),… El  Chema había propuesto cenar en su casa ya que ese fin de semana estaba solo. Serían unos quince y una silla de ruedas, elemento importante en aquella noche diferente a las demás. Los amigos tomaron la palabra de Chema,  antes de que se echara atrás, fueron a comprar comida y bebida al Mercadona, y acudieron a su casa. Una vez allí decidieron lo que iban a comer y beber. Acabaron cocinando unas hamburguesas y elaborando una deliciosa agua de Valencia, bebida típica de Valencia (claro que no va a ser de Galicia, llamándose de esta forma). Aquella agua estaba muy dulce, muy buena y contenía una mezcla explosiva de alcohol (debería tener más alcohol que un tarro de colonia).

Se pusieron a cenar y a ver un gran partido de fútbol, “R. Madrid – Valencia”, de gran rivalidad por esta tierra. En la primera parte estuvieron tranquilos cenando pero, en la segunda, cuando empezó a hacer efecto el alcohol, se desmadraron y comenzaron las típicas riñas futboleras. A algunos hubo que separarlos para que no se pegaran. Cuando acabó el fútbol y después de comentar el partido decidieron irse al parque del pueblo. Se llevaron lo que había sobrado de agua de Valencia para continuar la fiesta. Una vez allí se encontraron con una prueba de atletismo, el salto de altura. El parque estaba cerrado y ni cortos ni perezosos se pusieron a trepar la valla de dos metros más o menos (más más que menos). Claro que para que saltara el Vake y su silla de ruedas hacia falta otro milagro. Pero lo que no hizo el agua de Lourdes lo hizo la de Valencia.

¿Cómo? Los allí presentes se repartieron a cada lado de la valla. Primero lanzaron la silla de ruedas y, después, al paralítico, consiguiendo así el milagro: el Vake esa noche había logrado el record del mundo de salto de altura en silla de ruedas.

Una vez dentro del parque decidieron jugar al escondite. El Vake siempre se quedaba con el que le tocaba pagar porque su silla abultaba mucho y era muy fácil descubrirlo. Se sentía único en su especie (una especie de animal en extinción). Como siempre le tocaba pagar, conocía todos los trucos de los que se escondían y, ayudado por su buena vista (con gafas), siempre pillaba a unos cuantos de un tirón.

A la hora y media de estar jugando se oyó una voz muy fuerte y desesperada: ¡¡¡La policía, la policía!!!. La policía les había descubierto a ellos. Los que estaban escondidos desaparecieron del todo y se quedaron solos el Vake y el Charly que en ese momento le tocaba pagar (que mala suerte). A medida que se iban acercando los dos policías las gotas de sudor (sentían el agua de Valencia por su frente) eran más frecuentes. Todavía tenían en sus manos dos vasos de la milagrosa agua, que lanzaron fuera del parque, muy lejos, para no dejar rastro. Los policías llegaron a su destino, como siempre, para joder al primero que se encontrasen. Eran dos tipos que parecían estar compitiendo para ver cuál de ellos era más chulo. Empezaron a registrarles, especialmente a Charly. De repente, escucharon una conversación y el Vake, sin pensárselo dos segundos, para despistarles con algo, les dijo que había más gente dentro del parque.

Los policías encontraron a los otros chavales en sus escondites. Les pidieron el DNI y otros datos. Al Charly y al Vake les dijeron que les esperasen en la puerta principal. Para ello el Vake y su silla deberían botar la valla con la única ayuda de Charly. Como la noche ya no estaba para más milagros (se había acabado el agua de Valencia) decidieron escapar por un pequeño agujero que habían encontrado, por donde cabía la silla plegada. En la parte de fuera del parque, en un banco, había una pareja de enamorados dándose el lote, a punto de bajarse las cremalleras de los pantalones. El Vake lo sintió mucho, pero tuvo que pedirles ayuda para cruzar el agujero, cortándoles el buen rollo de amor y sexo que se traían entre manos (y piernas).

Tras unos cuantos enganchones consiguieron salir del parque. Se fueron por patas -el Charly- y ruedas -el Vake- sin rumbo fijo, desobedeciendo a la ley por lo que hubiese podido pasar.

Aquella noche, acabaron en las fiestas del pueblo de al lado. Allí, como cada tarde o noche, conocieron gente que al principio miraron al Vake como si fuese un marciano, para encontrarse después con un personaje de carne y hueso (con más hueso que carne) que afronta la existencia –en las condiciones que sea- como el milagro mismo: El milagro de estar vivo para poder contarlo.

Que quiere nadar mar afuera.

Aunque el agua que trae los milagros nunca venga de Lourdes.

Que cada cual elija su mar

En libertad

 José Vaquerizo