La utopía derrocada

Cuando oímos en este “discapacitado país” la palabra parálisis cerebral siempre se tiende a pensar en retrasado mental, estorbo familiar, bebé aborto, enfermedad crónica, y muchas cosas más. Pero la realidad es muy diferente. La parálisis cerebral tanto en San Petersburgo, como en Honolulu o en la Conchinchina es un tipo de discapacidad que afecta al aparato locomotor, parte del cerebro que pone orden en movimientos musculares y sistema nervioso, por lo que el cuerpo de la susodicha parte locomotora afectada se convierte en anárquico a distintos niveles, dependiendo de la leve o gran lesión provocada por falta de oxígeno del cerebro en la mayoría de los casos. Aunque para la ignorante sociedad española, una persona con parálisis cerebral es sinónimo de sedentarismo, mueble, inutilidad o pobreza. Ya que la expresión de “pobrecito” es muy habitual al ver a una persona con este tipo de discapacidad aunque tenga más dinero que en las cuentas bancarias de Bárcenas.
Hace unos días me pidió ayuda un amigo estudiante de un Master de Investigación de Educación Física para acabar su TFM (Trabajo Final de Master), ese trabajo que lleva de culo a todo el sector estudiantil. El dicho TFM iba sobre el tema tabú de la “actividad física en niños con parálisis cerebral”. Para ello habría que encontrar chavales con este tipo de “capacidad diferente” llena de espasmos en su mayoría por gran o pequeña parte de su cuerpo que precisan hacer las cosas de diferentes maneras con o sin ayuda.
El primer objetivo fue muy sencillo. Se trataba de encontrar niños con el aparato locomotor algo estropeado que hiciesen actividad física habitualmente, cosa que para toda la sociedad que no esté metida en este “mundillo espástico sobre ruedas y asusta baldosas” se convierte en una quimera. Sin embargo a mi amigo Raúl no le costó nada encontrar a cinco niños con parálisis cerebral que hiciese actividad física en horario escolar o fuera de él. Sin embargo, rompiendo todos los estereotipos de la nación, el problema vino cuando hubo que encontrar a niños con parálisis cerebral que hiciesen “sillón ball”, fue misión imposible. Todos hacían actividad física.
Una vez eliminado este estereotipo tocaba elaborar las entrevistas impertinentes dirigida a los niños y sus padres. Las conclusiones de estas interesantes conversaciones que Raúl tuvo con niños y padres fueron toda una sorpresa para las “mentes paranormales” que forman la sociedad de este tullido país. Los chavales con parálisis cerebral le dan mucha importancia al ejercicio físico por encima de otras cosas como la comunicación, las dificultades en el día a día u otro tipo de actividades. Mientras que los padres perciben que sus hijos son felices, y ellos se consideran que están totalmente integrados en la sociedad de este “minusválido país” que todavía cree que la parálisis cerebral es una enfermedad que padecen y sufren personas que tuvo la mala suerte de nacer así y que serán una carga familiar hasta que la muerte los separen, en vez de pensar en que es una persona como cualquier otra pero con sus propias características que hacen ver la vida diferente para algunos y normal para otros.
Todos los seres humanos nacemos iguales, pero es la última vez que lo son.

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