La España de las “Marias”

Un bonito cortometraje animado, ganador de un Goya, llena las redes sociales de todo el mundo. Cuerdas es el título y una historia basada en hechos reales protagonizada por la familia Solís. Pedro Solís, el padre de Nicolás y Alejandra, se inspiró en sus propios hijos para argumentar la historia de este apasionante corto que ha traspasado fronteras y ha roto el corazón a muchas personas.
Esta bonita historia merecedora ganadora de un Goya realza la figura de “María”, una niña ejemplar para la sociedad española, que ve a un niño con parálisis cerebral como debería de ver todo el mundo. Desgraciadamente en este país muy pocos niños con discapacidad gozan de una educación inclusiva donde todos disfruten y aprendan como se merece cualquier persona para que en el futuro disfruten de las mismas oportunidades tanto en la vida laboral como en la personal de cada uno.
Pero no es oro todo lo que reduce en este cortometraje, a pesar del bonito argumento que tiene hay pinceladas que puede llegar a pensarse que se pueden mejorar. Por ejemplo Nicolás, el niño con parálisis cerebral, en el cortometraje no tiene nombre o por lo menos nunca lo dicen. El trato que le da la profesora al niño “sin nombre” tampoco es el mejor para integrarlo con los demás niños. Tampoco se entiende que se tenga que morir y más cuando en la vida real Nicolás aún sigue vivo según publica un artículo en una web llamada Futyan.
Todo ser humano, en las condiciones que sean, tiene derecho a tener una educación integradora para que luego su vida sea más enriquecedora tanto para las personas con o sin discapacidad. Para ello, la educación española debería dar un giro de 360 grados. Los colegios deberían absorber los centros de educación especial. Esta absorción implicaría que las aulas en planta baja o primer piso de los susodichos colegios la ocuparían los niños que por su tipo de discapacidad mental no pueden seguir las clases de los pisos de arriba. Estos niños estarían con los mismos profesionales que actualmente están en los centros de educación especial. El simple hecho de que todos los niños estuviesen en el mismo edificio y compartiesen el mismo horario de clases, de almuerzo, de comida y de muchas actividades que se podrían hacer conjuntamente haría mucho bien para la futura sociedad española tanto para las personas con o sin discapacidad aparente.
Si queremos cambiar la mentalidad de la sociedad española hay que empezar por los cimientos y no por el tejado. La educación es necesaria para todo el mundo y si fuese más inclusiva quizás en un futuro veríamos como que ni las personas con discapacidad son tales, ni las personas sin discapacidad son cuales.

JOSÉ VAQUERIZO

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Un país pincha ruedas

En un lugar del suroeste de Europa que va camino de ser tercermundista, a pesar de que las lenguas viperinas de los que lo mal gobierna, donde las oportunidades de que todos los ciudadanos tengan la posibilidad de desempeñar todo tipo de oficio, hacer deporte o educarse para un futuro prospero está cada vez más difícil. A medida que pasa el tiempo hay menos igualdad en la sociedad española, por lo que el país podría ser perfectamente en un futuro una prolongación del continente africano con todos los respetos a los africanos.
Los políticos, mandamases, organizadores, coordinadores y todos aquellos que les dan el poder de algún cargo público o privado en cualquier sector social se convierten en verdaderos sheriff de películas de indios y vaqueros. Cuanto más necesidades tengan el sector social más evidente es la austera autoridad que emplean estos dirigentes.
Para la discapacidad española estos sheriff se transforman en “pincha ruedas” donde palabras como inclusión, normalidad o igualdad no están en sus diccionarios muchas veces tan discapacitados. La ignorancia e incompetencia en este sector abunda en su especie desgraciadamente sin peligro de extinción. Si los ignorantes e incompetentes volaran, el cielo se llenaría de cámaras de aire desinfladas.
Hace unos días, un “deportista sobre ruedas” que se dedica a hacer carreras populares, medios maratones y todo desafío que se le resista, si no se le resiste carece de emoción, vivió en sus propias carnes un episodio poco inclusivo. Vake, el deportista en cuestión, pensó en apuntarse al Medio maratón de Barcelona de este año que se celebrará el próximo dieciséis de febrero. La sorpresa fue al ver el “exclusivo reglamento” que colgaron en la prueba de esta carrera donde solo permitían la participación a corredores que podían correrla con sus propias piernas o corredores en silla de ruedas de atletismo. Tras un cruce de correos electrónicos con el fin de intentar abrir las mentes de estos sheriffs para dejar a este corredor popular hacer la que iba a ser su sexto medio maratón. Para ello Vake les explico cómo hacia las carreras populares adjuntándoles unas fotos de carreras anteriores por si la incredulidad de la organización de este evento deportivo tocaba a las puertas de sus cerradas mentes. La respuesta de este sheriff que campean por estos lares fue contundente, austera y con un entrañable segundo párrafo propio de fechas navideñas, ya pasadas. “Al ser una prueba atlética se autoriza la carrera a pie, en silla de ruedas manual o carro de atletismo por normativa y no se hacen excepciones” escribió la organización de la carrera y le aseguró que “son unas imágenes entrañables. Si más adelante se organiza alguna prueba ciclista, sin duda, te avisaríamos”. No somos “toros”, somos deportistas que queremos que nos traten con la misma igualdad que a cualquier corredor popular de a pie.
A este paso o rodamiento, según se mire, va a ver más “ruedas pinchadas” que manos lucradas de billetes Bin Laden en este discapacitado país.

José Vaquerizo