La España de siempre

Érase una vez un país poseído por el embrujo de viejas y viejos del visillo. Miradas traicioneras, palabras lanzadas como si fuesen flechas directas al corazón, cuchicheos que nunca saben que es verdad y que es mentira, oídos que oyen lo que quieren oír y ojos que ven cosas raras en cosas cotidianas o normales por las mentes cerradas que se encuentran en este nuestro país.

Políticos que roban y salen de rositas del delito, jueces que no juzgan a todos por igual, partidos políticos que están acomodados sin casi oposición, los “we can spanish” que intentan demoler el bipartidismo español acercándose a los españoles “de a pie”, y a los sentados también, como uno de sus representantes. Monarcas cazadores de elefantes y “elefantas” mientras muchos de sus compatriotas se están muriendo de hambre, republicanos que salen de un día para otro y republicanos de siempre.

Bares, mercadillos, supermercados o bancos distribuidos por todo el estado que sirven para sentarse y disfrutar de conversaciones de toda índole, compartir unos tragos de cerveza o poner de “vuelta y media” al vecino de al lado ya sea político o no, son los hábitats donde las y los “del visillo” suelen actuar con un solo objetivo: “No lo cuentes tu que ya lo cuento yo”, es como una competición para ver quién lo cuenta antes y “a quién le dé que le casqué”, no importándoles nada las consecuencias que acarreé sus cuchicheos propagados.

Propagandas electorales que dicen más mentiras que verdades, manifestaciones dirigidas a un sector llamado político que se ve no sentirse aludido, personas embusteras que supuestamente dicen que votan a unos y luego siempre votan a los otros. Entre gaviotas y capullos nos tienen controlados, recortados e indignados.

Si te emborrachas una noche; el día siguiente, antes de que cante el gallo, lo sabe toda la contornada. Si te juntas con personas que consumen drogas blandas, también llamados “porreros”, ya te dicen drogadicto. Si te cruzas a las siete de la mañana con vecinos que van a comprar el pan ya se creen que te has pasado toda la noche bebiendo y drogándote, cuando igual te acabas de levantar para ir a trabajar. Si te ven hablando con una chica y le echas la mano a su hombro, ya te tienes que casar con ella. Y si el que habla con ella está casado, el día siguiente se tiene que divorciar de su mujer. Si un matrimonio se divorcia dicen que él es un borracho y ella una furcia sin serlo. Si todo esto lo hace una persona con alguna discapacidad aparente lo condenan a cadena perpetua para toda su vida.

Viejas y viejos del visillo, políticos o no, que siempre están al acecho de sus inocentes o culpables presas haciéndoles la convivencia más difícil porque son juzgados con la única prueba de los hipotéticos contenidos de cuchicheos que hacen juzgar y coger una fama innecesaria a sus presas para toda la vida.

En este mundo nada es perfecto, la perfección no existe. Siempre hay una oveja negra en cada casa y en los hogares de estos “deslenguados” no se libran. Por tanto las lenguas viperinas deben guardar las falacias venenosas que sueltan por todos los lados y pensar más en la vida que llevan sus familiares, esas vidas que pueden ser similares a las que critican.

Vive la vida y deja vivirla a los demás porque puede que las palabras soltadas por los “del visillo” tengan “efecto boomerang”, volviéndose en contra de esto. Más libertad y menos represión.

 

 

 

 

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La discriminación positiva

Una de las características que la mayoría de la gente suelen ver en personas con alguna discapacidad visible es el egocentrismo y la compasión que algunos de ellos muestran a la hora de, por ejemplo, librarse de pagar en algún espectáculo, evento deportivo o cualquier lugar donde digan que una persona por tener alguna discapacidad aparente entran gratis cuando los demás “seres vivientes” sean ricos, pobres o vagabundos tengan que soltar sus pertenencias monetarias.

La igualdad se mide de la misma manera tanto para lo bueno como para lo malo. Y es que en el sector de la discapacidad hay de todo como en cualquier otro. Si queremos igualdad tenemos que empezar a quitarnos el peso que algunos cuantos de este mundillo llevan en la mente. Por ejemplo en el deporte paralímpico de este país quieren que se consiga la igualdad a todos los niveles, tanto económicos como sociales, con el deporte olímpico. Para conseguir está igualdad algunos deportistas, algunos entrenadores y algunos miembros de algunas federaciones multideportivas de este mundillo paralímpico deberían tomar nota de la profesionalidad que se supone que poseen los deportistas, entrenadores y miembros de las federaciones deportivas del mundillo olímpico.

Históricamente este sector con muchas ruedas y más muletas de “Spañistan” ha estado siempre dejado a la mano de un personaje que los demás llaman Dios. La situación siempre precaria que suele vivir este sector haya o no haya crisis, gobierne los de la gaviota o los del capullo, hace que la igualdad en  este país sea inviable. Si a esto le sumamos la comodidad que alguna que otra persona con discapacidad se proporciona a sí misma tenemos un panorama un tanto oscuro si realmente los que estamos en este “mundillo de cojos” queremos que algún día en este cada vez más mísero país la igualdad se haga una realidad.

Que estés “cascao” no quiere decir que necesites entrar gratis a todos los sitios por compasión o lastima de otros, aunque tampoco quiere decir que pagues más en lugares que otras personas con otras discapacidades invisibles. No quiero ni que me quiten ni que me den, lo único que quiero es ser como los demás.

José Vaquerizo